sábado, 9 de agosto de 2014

El principio de la A

El principio de la A




Antes de existir el ser humano y sus ideas, el reino de lo Abstracto estaba presente. Un mundo constituido por otros mundos y así consecutivamente. De las múltiples realidades que aquí coexisten hablaremos del Mundo de las Líneas Infinitas. Concurridas en una especie de éter, están las líneas, siempre apuntando al infinito. Sobra decir lo rectas que son y lo que parecería impensable, si alguna vez una línea invadiera el rumbo de otra. En este agraciado universo están confinados estos elementos, al parecer gráficos, pero si vamos un poco más allá de lo aparente, podremos imaginar un evento curioso.

Una liniecilla acabada de abstraer observa el vasto universo. De inmediato es consciente de su extensión parsimoniosa y de concreción perfecta. Una línea más entre millones de millones, sólo que a esta línea se le otorga un don especial que ocurre cada infinito de infinitos. Dentro de ella, latente, existiría el propósito de hacer las cosas de forma diferente. En un futuro si buscara, sería capaz de cambiar. Ser una forma libre en lugar de una monótona línea recta.

Se dará cuenta tarde o temprano que puede hacerlo. Preguntará, observará y al final, tendrá que tomar una decisión. Adquirir una forma definitiva consistiría en tener la firme convicción de dejar de existir como una larga y firme línea recta con sólo dos alternativas de movimiento: progresivo o retrogresivo. Esa idea de cambiar sería una inquietud persistente.

Un día cualquiera se despertó exaltada, había tenido un sueño raro pero muy significativo donde se convertía en una forma extraña, En su sueño tenía esa sensación de libertad en su forma lineal mientras que parte de ella temblaba de forma deliciosa y de pronto una ligereza la invadía y conocería en sueños lo divertido que podría ser multidireccional, es más, abandonar su aburrida forma lineal y convertirse en una curva, aún mejor en un zigzag. Este fue un sueño recurrente que mantenía a nuestra línea radical meditando y verdaderamente considerando la posibilidad de cambiar. Así lo dictaba su destino. Al saber que podía torcerse tanto como pudiera, entendería que podía hacerlo con el peligro de quebrarse e invariablemente tendría que hacerlo, tendría que transformase pero no podría sola.

La susodicha línea radical había madurado y su grosor era aparente, ahora era una línea determinante con el convencimiento de dejar atrás “linierias” y tomar la rectitud como único camino. Se encontraba desplazándose como siempre, pero llegó un día en que concibió la posibilidad de cambiar, aún no en su máxima expresión claro, convendría con ella misma que si no gozaba del libre movimiento, nadie podría objetarle la velocidad y así lo hizo avanzó lo más rápido que pudiera, primero teniendo el control pero entre más rápido iba menos control tenía, de pronto todo fue vertiginoso y trepidante, todo sucedía tan rápido que en cierto momento sintió como si no se desplazara del todo, se había detenido y ahí suspendida, encontró su extremo primario: Su Principio lineal.

Entre feliz y asustada comprobó que algunos rumores eran ciertos, efectivamente había llegado más lejos que ninguna línea que conociera, tanto así que esto podría ser el principio de algo más grave, así que tuvo que recurrir a los sabios.
Las viejas líneas estaban ahí y le hablaron de que era momento de crear su propio Símbolo. Ahora tenía el control de ya no ser sólo bidireccional. Sería una gran responsabilidad y ciertamente, una tribulación, si no daba con el signo que quería ser por tanto ya no era una línea recta ahora tendría que dejar todo lo que conoció antes y transportarse a otro mundo: El Mundo del Libre Movimiento.

Sería fácil describir este mundo como un caos pero aún así quedaría corta la palabra; por todos lados se observaban raros y extraños seres, unos lineales, otros como puntos, otros eran bastante amorfos. Al escuchar las conversaciones no podía evitar escuchar aquí y allá hablar de la Trascendencia, después viviría su significado. También había signos a medias, combinaciones fallidas entre uno o más elementos que resultaban en seres grotescos y sin ningún significado, seguramente la muerte en vida en este mundo. Otras más divagarían al igual que ella, trazando un camino oblicuo para encontrar con quién fusionarse aunque sólo fuera para crear un efímero garabato.

Se sentía un tanto confundida. Empezó por ejercitar su nueva libertad. Podía doblarse y sabía de antemano que no debía forzarse mucho si no quería acabar siendo un rayón prematuro. Por más que trató no encontró una forma cómoda de existir ni siquiera se acercó a su Símbolo Trascendente.
Casi no tenía contacto con otros signos, arduamente ejercitó el control de sus formas ya dominaba las básicas y estaba empezando con las complicadas. En algún momento logró atrapar la atención de otra línea que también estaba en el camino a la Trascendencia. También tenía el control de su Principio Lineal así que combinaron de muchas formas para lograr fusionarse pero una les pareció la mejor; unirían sus Principios Lineales para por lo menos, pensaban ellas, convertirse en una línea de mayor extensión. Así lo hicieron emocionadas pero nada cambió.

Un día algo extraordinario sucedió, al parecer la unión de los Principios Lineales empezó a debilitarse cada vez más y más hasta que cedió y formaron un ángulo, la Trascendencia estaba cerca, lo habían logrado pero en lugar de elevarse, empezaron a caer dobladas por la mitad, sus Extremos Finales estaban por unirse y esto las convertiría en una línea normal como antes, imposibilitadas de cualquier movimiento caerían en la Monotonía, nadie ha sobrevivido mucho tiempo en esta cárcel así que la sola idea las aterró. Reuniendo todas sus fuerzas y logrando que los extremos no se unieran pidieron ayuda a garabatos, puntos, manchas nadie las escuchaba, entonces en el último momento  llegó una tercera línea, solitaria y vetusta pero firme y gruesa, que había estado observando todo el proceso, se colocó como soporte entre ellas para que no se unieran no pensando en que al final quedarían como la configuración de algo más importante que un signo: El primer elemento del alfabeto convencional, la A.


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